domingo, 20 de enero de 2008

la lengua esta viva

La palabra nombra, al nominar crea y designa. Antes de la palabra, cabalgas cual caballero inexistente sobre la capa con el espíritu lleno, sin exteriorizar tus pensamientos. Las palabras nos juzgan, nos enjuician, nos culpan o nos doblegan.

En una mesa redonda donde abordamos temas relacionados con el lenguaje, cada uno de los integrantes de esta mesa, expresamos nuestros pensamientos mediante nuestro lenguaje, utilizamos palabras, que antes de nuestra intervención estructurábamos y acomodábamos para que fluyera el pensar. Después de las ponencias y en un acto de reflexión decidí comenzar con divagaciones sobre el lenguaje que habían quedado aisladas en el pensamiento y ahora deberán tomar rumbo y buscar una salida.

Los individuos tenemos necesidad de expresarnos, el lenguaje es un medio por el cual nos comunicamos y dejamos salir a través de él, nuestro pensar y sentir, pero hay una necesidad por participar en la construcción de ese lenguaje, un deseo de pertenencia, de identidad que es lo que hace que lo cambiemos a nuestra comodidad, o intereses.

En la mesa redonda algunos comentarios llegaron a satanizar, el hecho que los jóvenes usen la economía del lenguaje, usen menos palabras, hagan contracciones, en fin modifiquen el lenguaje. Se habló de los fines prácticos, de la comodidad, y de innumerables razones más, pero creo que la razón es, el deseo de sentirte participe y no sólo usuario del lenguaje, lo que hace que éste cambie. Mis alumnos están empleando una forma de hablar en código, con la intención que crear su micro lenguaje, cambiando las sílabas (dicen dope en lugar de pedo, dicen sobe en lugar de beso), construyendo nuevas palabras.

Las razones son muchas para tratar de entender por qué cambia el lenguaje, se tratará sólo de construir eternamente un lenguaje que nos signe, que nos aleje del español, y nos recuerde que somos un pueblo independiente de la colonización, que éramos y seremos una nación con riquezas y tradiciones indelebles en la piel y que las recuperaremos mediante la construcción de nuevos códigos.

martes, 18 de diciembre de 2007

Las princesas y los príncipes del pedregal

Quizás la humana y bondadosa Diana no los conoció pero sepan que habito en un lugar donde abundan príncipes y princesas, llevan vestidos largos y piojos en el pelo, la comezón les cala pero las reglas y los manazos de su madre no los dejan rascarse.
Pedregal de Escobedo es el lugar donde habita el olvido, el olvido de quienes nos preocupamos por comprarles juguetes valiosos a nuestros hijos y nos olvidamos que la marginación está a la vuelta de la esquina o a los pies del cerro del Topo.

“La princesa esta cansada porque no ha dormido bien”, las princesas del pedregal no duermen porque los gritos de sus padres no las dejan dormir, lo que pasa es que sus clases de teatro los han enajenado tanto que tiene que actuar hasta la media noche para la puesta en escena, las escenas son todas las noches y empiezan a calarles las uñas a las princesas cuando se arañan las orejas de tanto apretar.

Los príncipes, caballeros del reino tienen que practicar por las noches atletismo con obstáculos, esquivan carros y patrullas mientras llegan a sus palacios con los obsequios nuevos que acaban de recibir. Aunque los reyes de la casa los malvendan al siguiente día para comprar lujos más necesarios como un kilo de arroz o tortilla. Los príncipes del pedregal bailan agachados y se ponen adornos en el cuello, su linaje les importa muy poco y su pasión la llevan en la piel, los príncipes del pedregal aman a las princesas y esperan que existan las hadas madrinas, sueñan con vivir en “la del valle”, aunque ni siquiera sepan lo que es vivir en la prole.

Príncipes y princesas desfilan por los bailes en las noches, se reúnen en las esquinas y tiran pedradas a las casas de sus enemigos, la diversión comienza cada noche en las tierras del "piedregal".

domingo, 16 de diciembre de 2007

MI ÚNICO AGUINALDO

Ya que no me han pagado en la secundaria, me he puesto a escribir algunas confesiones de mis alumnos para tratar de salir de mí estado, que con las horas parece que permanecerá eternamente.

De enamorados y otras cosas…

- ¿qué te pasa Pamela?
- nada maestra no puedo parar de reír
- ¿estás enamorada?
- ¿Qué? ¿cómo lo supo?
- Se te nota, cuando estas enamorada no es fácil controlar la risa o el llanto
- Ojala mi mamá pensara como usted
- ¿por qué?
- Mamá se enoja cuando me ve así riendo y cantando
- Y ¿por qué crees que se molesta?
- Pues porque tiene miedo. Sabe, a la vecina dice mi mamá, después de que andaba como yo, que el novio la embaraza y se larga, y ahí está cuidando a su niño, que iba a abortar y su papá no la dejó porque si se ponía mala no tenía dinero pal hospital y menos pal entierro.
- Y que piensas hacer con lo que sientes.
- Pos disfrutarlo hasta que me embarace y este como mi vecina. Ni modo así es.
- Pamela… Regálame esa cara de enamorada
- no maestra me da pena, bueno sí, pero si sale usted
- va, hijo ¿nos tomas una foto?




- Maestra estoy enamorado
- ¿de quién?
- de una vecina de mi cuadra
- ya se lo dijiste
- no, le tengo miedo porque me trata mal
- ¿te dice algo porque eres ciego?
- No, yo tengo la culpa. Lo que pasa es que siempre que le pregunto cómo se llama, me responde muy mal y su voz me molesta cuando me grita -¡ya te dije! Y se va corriendo. Ya no sé como hablarle.
- Y por qué sólo le preguntas su nombre
- Ahhh porque no se me ocurre otra cosa
- Maestra ¿cómo es usted?
- ¿cómo es mi voz?
- de bruja
- Así soy yo ¡una bruja!, anímate Juanito dile que te gusta y sales de dudas, te concentras en la clase y quitas esa cara de enamorado que da envidia verte.


- David ¿cómo vas?
- Bien
- ¿Bien?, Ya me hizo caso o ¿bien?, ya la olvidé
- Bien ya la olvidé. Ya estoy enamorado de otra
- ¿Así?, de quién
- De Ilse
- mmhh de Ilse
- sí, qué le parece
- bien y ese repentino cambio de enamorada
- pues así fue, dejé de pensar en Itzel y me enamoré de Ilse
- ok, y qué tal Ilse
- hermosa pero no platica como Itzel.
- ¿Entonces?…

¿Faltará acaso una asignatura en la Normal para contestar estas preguntas?

viernes, 30 de noviembre de 2007

GRACIAS

Estaba dormida y de pronto la duda me despierta, voy tras ella, pero sólo encuentro más y más dudas, angustias, miedos, algunos momentos de satisfacciones y suspiros de conquista. El camino es difícil y requiere de alas fuertes para volar de pronto y dejar el terreno solo; mis carencias me detienen y me obligan a regresar constantemente para hacer revisiones e identificar errores y en el proceso tratar de corregirlos.

De pronto me encuentro frente a una caja de cristal que detenía mi camino, debía entrar para poder ir más allá o debía regresar y seguir soñando. Bien, decidí parar y pensar en qué es lo que quería; giré hacia atrás y me vi dormida, arrullándome con una canción de Aldo Monge: “Dime porque lloras”. Mi rostro era plácido pero mi garganta se asfixiaba cuando Aldo recitaba:

“por qué lloras tu confesión,
basta ya mi dulce compañera
porque sufrís, si el amor es primavera”

-¿si el amor es primavera? “¡No!”, lancé un grito aterrador al ver la escena tan cursi. Alcancé a perturbar el arrullo cuando canté a gritos:

“Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.”

Disfrutaba la escena. La perturbación al despertar y ver que, despierta, los sentidos se agudizan y percibes tu entorno con la maldad y bondad que existe en él; que las constantes dicotomías te confunden y te obligan a decidir caminos y errar en algunas ocasiones. Consciente de esto, decidí entrar desnuda a una caja de cristal, donde los siete enanos observarían cada centímetro en una revisión exhaustiva de mi ser. Abrí la caja; en mi torpeza creo que la abrí al revés, las manos de mis amigos me ayudaron a cerrarla. Bien, esperaría a que llegaran los observadores.

Mis huesos temblaban y descubrían su fragilidad, mi piel se enrojecía, mis venas se alteraban, se veían mis varices, mi cintura se hacía más estrecha mientras perdía tres kilos en la batalla. De pronto el día es descubierto, un martes 20 de Noviembre. Un día antes había estado chateando con el búho del bosque hasta la madrugada: me ayudó, dirigió mi discurso pero sobre todo me alentó a seguir con la frente alta. Me desperté esa mañana; buscaba una señal que me ayudara a interpretar el día y nada: el mundo parecía igual, transitaban todos con las mismas caras, pagaban sus cuentas, suplicaban amor en las esquinas y los viejos añoraban aquellos tiempos. La normalidad me asustaba.

Me vestí, comí un caldo tlalpeño acompañada de mí. Una comida que me sirvió para reflexionar y tranquilizarme; aspiré la tranquilidad que me dio mi compañía, con el pecho inflamado me sentí llena. Me había estado preparando para corregir las imperfecciones que tenía y aún así seguía demasiado frágil, pero una mano firme me sostenía y mantenía para que no escapara, la mano de una amiga a un lado y la de un guerrero al otro custodiaban mi cuerpo y mi alma para que no le pasara nada.
En una hora les mostré lo que tenía, vieron las cicatrices de mis rodillas y les explique que fueron porque rogaba no perder mi ética y lo que considero verdad. Así surgieron más explicaciones, cada vez me sentía más cómoda en esa mesa ovalada y la sala a media luz, sentada frente a cinco personas que calificarían ¿qué? = a mí. Salí a la hora, satisfecha de haber controlado mi torpeza, exhalé el alma que había aprisionado horas antes.

Seguí encerrada. Siete días después me dieron el veredicto que aprobaría, o no, la posibilidad de seguir el camino que había elegido; rodeada de mis amigos y con su grandeza a cuestas, leí “Aprobada” en letras mayúsculas y separadas como para poder deletrearlas.

Entonces es la hora de agradecer la indispensable ayuda de (en orden alfabético):

Chiu, gracias por decirme en secreto que me iría bien, por su confianza y ánimo.

Enrique, gracias por tu compañía, por compartir tu presentación, por tus constantes llamadas que me demostraban que ahí estabas para lo que se me ofreciera.

Fernando, gracias por tu ayuda, por acompañarme y desvelarte conmigo, tus consejos, tus intervenciones acertadas, por escucharme y calmarme, eres grandioso, te admiro y valoro mucho tu compañía.

Guillermo, gracias por las carcajadas que provocabas en los momentos de tensión, por relajarme y animarme cuando más insegura estaba, gracias por estar ahí siempre que te necesito.

Gloria, por tu serenidad y silencios, por desearme suerte y ofrecerme tu ayuda.

Hiram, gracias por estar siempre conmigo, por escucharme, soportarme, ayudarme, gracias por tu amor, por tu fuerza y tus palabras. Lo siento, el martes es el día de tu mala suerte; tendrás, como dice Fernando, vigilancia
permanente.

Jorge Segura, por compartir material, lecturas, su tiempo, sus ideas, por su ayuda. La humildad te hace más grande, ¿será razón del tamaño de este gran hombre? Gracias por la confianza que me diste, que me retó a demostrar que no están equivocados.

Lucy, por demostrar una verdadera amistad, por compartir tu tiempo, tus libros que significan más que lecturas: compartías tus ideas, por escucharme horas, por detener mi cuerpo cuando se caía y por ponerte en la puerta de la sala para que no pudiera salir corriendo.

Maestro Carlos Omar, agradezco la felicitación y el recibimiento que me otorga.

Maestro Gilberto, por su voz serena que me brinda tranquilidad y confianza y por su sonrisa de protección que me cubre de los agravios.

Mirthala, gracias por tu compañía física y moral, por confiar en mí, darme aliento, sobar mi soberbia y jurar que sirvo para algo.

Oscar, mi amigo esquizoide, gracias por decirme la verdad, por no dormirme con cuentos de hadas y decirme la exactitud de la situación, por tu sinceridad y el aliento. Aprovecho para agradecer a Thelma su compañía y sus oraciones compartidas.

Gracias a la vida por coincidir en mi camino con este grupo de amigos a quienes valoro y admiro, les confieso que mi temor no era reprobar sino darme cuenta que no estaría a su altura, son grandiosos.

martes, 18 de septiembre de 2007

- mis papás son poetas -

Era un jueves y me presentaba con mis nuevos alumnos de tercero de secundaria; luchaba contra la falta de planeación, ya que había ingresado intempestivamente sólo con el libro de español bajo el brazo y mi presentación personal que había repetido tantas veces. Una vez más comenzaba mi discurso. A los pocos minutos descubrí que nadie me escuchaba; alteré mi discurso aprendido al verme ignorada, y los puse a leer un texto que venía en su libro, llamado México florido y espinudo, esperaba pensar en algo mientras terminaban su lectura pero no me dieron tiempo, y así comenzaron las preguntas: ¿Qué quiere decir esta palabra?, ¿Qué quiere decir el autor cuando menciona esta palabra? Ellos me daban la pauta para continuar con la clase; me sorprendí al ver el nivel de interpretación de los alumnos, así como las comparaciones que hacían con otras lecturas. Había un grupo de tres muchachos que me ponían a prueba lanzándome pregunta tras pregunta, y en cada una me enviaban un tiro a matar, mientras yo trataba de defenderme cubriéndome con lo que sabía como escudo a ese ataque. Terminamos la batalla, el silencio se hizo presente en el salón, sonreí, me respondieron con una sonrisa que vi como poco a poco se convertía en una sola, me sentí entonces aceptada.

En este ambiente de armonía les pregunté cual había sido su último libro y hubo respuestas típicas como los libros de Harry Pooter, El señor de los anillos, Cañitas, en general los libros más nombrados, pero una alumna me dice que su libro es El perfume, -de Patrick Süskind- le digo, asintió con la cabeza y con una sonrisa que iluminaba su cara. Hizo una pausa y levantó su mano pidiendo la palabra, yo con la mirada fija en Ximena, con la mano derecha abierta y el brazo extendido les pedía a unos alumnos que se callaran con la mano izquierda le concedía el derecho de hablar. Amplió su sonrisa lo más que pudo, sus ojos se iluminaron y llenaron de luz todo el salón cuando su boca decía –mis papas son poetas, son José Javier Villarreal y Minerva Margarita Villarreal- quedé enmudecida tratando de recapitular en todo lo que había hecho y dicho frente a la hija de unos poetas a quienes había leído hace algunos años. Sonó el timbre y creo que aún no podía articular palabra, me había quedado inmóvil, reaccione, recogí mis pertenencias, salí del salón.

Desde entonces he observado a Ximena, busco día a día su rostro entre todos los adolescentes que se mueven por la secundaria, es fácil de encontrar, lleva una sonrisa constante en su cara, su cabello es brillante al igual que su sonrisa y sus ojos son una fuga de luz que iluminan el paso. Ella sabe que la aprecio, se da cuenta porque cada que nos vemos compartimos la sonrisa en un acto de complicidad, por los silencios que dicen todo entre el ruido y el barullo que existe en el salón.

Recordando aquella petición de Jaime Sabines, donde decía que los poetas debían tener una estrella en la frente para que la gente los reconociera, y observando a la hija de dos poetas, quisiera atreverme a decirte, Jaime Sabines, los poetas no llevan una estrella en la frente, esas estrellas te las ganas cuando sacas diez en el dictado; los poetas llevan la luz de las estrellas en los cromosomas, que haciendo el pareado entre padre y madre forman genéticamente un ser. El caso de Ximena es excepcional, su padre y madre son poetas; es decir, tiene herencia genética luminosa, que explica esa luz que irradia en su andar. Jaime, hasta ahora me había quedado con tu petición y la difundía con quienes podía hablar del tema, pero desde que conozco a Ximena he cambiado esta concepción. Ximena, gracias por permitirme conocerte y a tus padres por regalarnos su sensibilidad y su percepción de la naturaleza.
Ileana Cepeda Treviño