domingo, 27 de abril de 2014

Cuentos de madrugada.


Se llevó los colores de las flores. Dejó las bancas vacías recargando maceteros.  Se llevó las sonrisas y las carcajadas. Dejó los cuadros de retratos colgados e inmóviles. Se llevó el olor del café.  Dejó los chocolates que remediaban los desmayos. Se llevó el canto de los ángeles de mediodía. Dejó los relojes en la mesa. Se llevó las caricias en la espalda. Dejó los aceites con olores de vainilla. Se llevó el final de las historias. Dejó las puertas atoradas con cerrojos. 

Cuentos de madrugada.


Resurrección. 
Se duerme. Sueña. Abre los ojos. Levita. Sueña. 
La resurrección amaneció en sus párpados adoloridos, en su ojo cansado, en sus manos de venas encendidas. Resucitó en las madrugadas que cobijan su soledad, en los vasos llenos y las carcajadas vacías. Resucitó a la nada y se levantó sin camino por una senda que lo lleva de regreso en espirales que buscan nuevamente su origen. Un dios asustado alcanzando esperanzas con ojos pequeños y largos cabellos adornados. Un dios que descansa en un sillón, abrazado a sus discursos persuasivos que construyen lo que no se puede ser. Placebos de felicidad. Resucitó y anduvo levitando entre la noche, buscando diosas encantadoras con encantos de cantante adolorida por un dios distinto. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Curando heridas

De pronto aparece arrojado en un lienzo, cubierto de penas y lo tomas, lo acaricias, le cuidas, le alimentas y cuando decides que está bien, voltea y te arrebata la tranquilidad. 
Vuelves a cuidarlo, vuelves a cubrirlo con tu paz y vuelves a darte cuenta que nada vale nunca.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Tu demasiada vida

 

Me mudaré de piel, cambiaré mi espacio y detendré el tiempo entre mis labios. Dejaré que el viento vuele y sembraré mis pies por unos instantes mientras vuelves y me grites -he llegado.

Andaré al tiempo y mojaré mi pelo en la lluvia de tu ausencia. De tu demasiada ausencia y tu tanta vida. Fuiste mi tiempo y espacio. Eres mi proyecto nacido en ti. Frente de mi orgullo y maestro de caminos y andares. Serás la sonrisa eterna y los ojos de luz que necesitaremos siempre para ver la realidad.

Llenaste de magia nuestra experiencia de vida. Con tus eternos años te convertiste en el mito y la presunción de vencer a la vida. Tu mirada fue cambiando con el tiempo, al igual que tu voz. Tus pasos se fueron haciendo lentos y el tiempo te dio tiempo para todo. Viste. Escuchaste. Sentiste. Probaste. Amaste. Enseñaste. Nos enseñaste a vernos a los ojos y reconocer nuestro apellido en cada mirada. Nos enseñaste a unirnos y a querernos. Nos dijiste cómo protegernos, como sanarnos.

Sembraste una semilla en cada uno de nuestros pensamientos, una semilla de amparo, lo hiciste seguramente al darnos el apellido, ese que nos enorgullece y donde heredaste tu fuerza y el trabajo que nos caracteriza.

Orgullo de todos y sensibilidad en la piel, te dejo mi abrazo eterno y mi gratitud perpetua, por esa gran vida, por nacer de ti. Te amo abuelo.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Escribir

 


Escribir, es un diálogo incierto entre el que escribe y el que lee, el escritor propone y el lector cierra la idea con su interpretación. Los textos, al igual que las obras artísticas no admiten explicaciones, es innecesario revelar tu obra; porque si lo haces, rompes la magia. Puedes mirar. Quédate un poco sin vergüenza, y canalla mientras te sientes a ver las reacciones del espectador. Lánzala y olvídala; deja que ande, que camine, se ensucie y renazca en cada interpretación, admitiendo –yo sólo, pasaba por aquí